DÍA 30 – CONSTELACIONES

Lleva mucho tiempo llegar a ser joven.

Pablo Picasso.

Las Constelaciones Familiares son difíciles de definir. Y si buscas información en Internet, no te vas a aclarar demasiado, porque te encuentras desde que son el milagro de la vida hasta que son un fraude, pasando por que son peligrosas (que dices también, si presuntamente no sirven de nada, ¿qué peligro iban a tener?). En definitiva, es una terapia alternativa, si bien no avalada por la comunidad científica, sí aplicada por muchos psicólogos y terapeutas que sí lo están. Al final, cada uno elige sus creencias y sus medios para encontrar su camino. Puede ser este, puede ser otro. Pueden ser varios.

Yo he tenido el privilegio de participar en dos sesiones de varias constelaciones en estos últimos tiempos. Y de entre todas las definiciones que he encontrado, algunas muy espirituales, otras muy académicas, las escépticas, las destructivas y las iluminadoras, me quedo con la mía, desde el punto de vista de un representante o participante, que no del paciente o constelado.

Mi percepción de las constelaciones familiares es que son sesiones de terapia en las que una persona —la constelada— acude a resolver un conflicto, familiar o no, actual o pasado, con la ayuda de un terapeuta —el constelador— y de varios participantes. La persona constelada elige entre ellos quién va a representarla a ella misma y qué papel desempeñarán los demás, siempre bajo la guía del constelador. Este último interviene entre todos, comenta lo que va ocurriendo con la persona tratada, y a veces incita a un intercambio de unas palabras concretas entre los representantes para ayudar a resolver el problema. En realidad, la persona constelada es un mero espectador (siempre que escribo «mero» pienso en el pescado, en este caso, veo un pez de ojos saltones observando atentamente la interacción entre un grupo de personas) que puede mirarse desde fuera, lo cual siempre es una ventaja, en esta terapia o en cualquier parcela de la vida en general.

La primera pregunta creo que es evidente: ¿cómo saben los representantes quiénes son o cómo deben actuar? Ahí empieza la magia: no tienen ni idea de nada. Y aún así, lo hacen.

En mi experiencia como participante, puedo decir que me parece increíble cómo, dejándote llevar y sin prejuicios, sabiendo dónde estás y para qué has ido —ayudar a alguien que lo necesita, aunque no sepas quién es—, te conviertes literalmente en otra persona. De otra edad, de otro género, con otras emociones. La única «dificultad» radica en no pensar, en dejar que tu cuerpo y tu alma se muevan libremente y que tus emociones afloren sin barreras, llevándote hacia unas personas o alejándote de otras. Y sacando de lo más profundo de ti todo lo que sientes en ese momento: amor, rechazo, tristeza, odio… Al final, la mayor parte de las veces no sabes ni quién eres ni qué conflicto se está tratando.

En una de las sesiones, en una constelación, yo me acercaba a personas que estaban de pie, y me sentaba en una silla. Y cuando me moví hacia alguien que estaba sentado en una silla, me senté en el suelo. Siempre a una altura inferior a todos los demás. Me sentí vulnerable, incomprendida, enfadada y perdida. Emociones totalmente alejadas de mi momento vital actual. Luego supe que yo representaba a una niña de diez años —¡por eso me posicionaba más bajita!—, envuelta en una guerra ajena y utilizada como arma y moneda de cambio.

También he sido oveja negra. La rebelde que tiene a media familia enfadada. Es interesante ver las cosas desde el lado que considerarías «el contrario». Pero en defensa de todos los descarriados del rebaño, diré que ellos no son conscientes de serlo. Igual que los que tanto presumen de lo que carecen, que afirman ser valientes y quizá no lo son tanto, o los que se quejan de tropezar siempre con la misma piedra, pero no se dan la vuelta para dejar de darse cabezazos contra la pared, porque la han convertido en una parte de ellos y allí, al menos, saben dónde están.

La segunda pregunta también es evidente. ¿Cómo se resuelve el conflicto? Nunca sabré el resultado de las constelaciones en las que he participado. Lo que sí he visto es que la persona constelada siente una revelación, una liberación, un alivio. Puede resultar difícil creer que las personas de su entorno vayan a reaccionar de una u otra manera solo porque unos desconocidos los hayan representado. Pero igual de increíble podría parecer experimentar sentimientos ajenos con tanta intensidad y de eso sí puedo dar fe. Supongo que, al final, es otro camino para llegar al mismo fin: que la persona se abstraiga de su subjetividad, contemple su situación desde una perspectiva externa, y decida el camino a tomar para avanzar. Y si tú cambias de actitud, tu entorno también cambia. Es magia y, a la vez, no lo es. Es un ejercicio de honestidad.

Hoy concluye mi cuadragésimo séptima vuelta al sol (vale, he tenido que buscar el ordinal) y, pese a las circunstancias del momento, me he sentido acompañada y querida. En la pelu me han hecho una performance cumpleañera (qué vergüenza), he traspasado un poquiiito la frontera de la legalidad vigente sobre los cambios de municipio, he tenido videollamada-copa-celebración con las amigas y mañana… más. Ha sido una vuelta al sol larga y breve al mismo tiempo, con muchos matices, aprendizajes y descubrimientos.

Agradecida de empezar la siguiente, con muchas ganas y con el convencimiento de que cada día va a ser mejor que el anterior.

A los que me habéis dedicado hoy una parte de vuestro tiempo, gracias. Espero poder devolvéroslo multiplicado. Mucho amor para todos. Del de verdad.

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